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Donde comenzó el arte…

Cueva de Altamira

Cueva de Altamira

Alrededor del arte, como ya hemos visto, nacen muchas preguntas, de las cuales probablemente la principal sea aquella de qué es el arte y que ya ha sido pronunciada en alguna ocasión en esta Artesala. Sin embargo, otra de las cuestiones sin resolver sigue siendo la siguiente: ¿cuándo nació el arte? Claro, que expresado así puede resultar equívoco, pues no podemos buscar las motivaciones ni las reglas con las que nos manejamos hoy día para intentar definir el arte. Quizá la cuestión sería más bien ésta: ¿cuándo podemos considerar que el hombre realizó algún trabajo o elaboró algún utensilio con una intención distinta que la simple utilidad?

El debate, discutido desde hace décadas, parece pasar por diversas cuestiones netamente antropológicas. No podemos establecer un momento exacto en el que el hombre “histórico” comenzara a realizar “obras” con una intención más o menos estética, más cuando en casi todas las civilizaciones, partiendo de la mesopotámica, se encuentran ejemplos de ello; pero, ¿qué ocurre con el hombre prehistórico?, ¿acaso algunos utensilios ceremoniales o simplemente “usables” no fueron elaborados con esa intención?

Una de las teorías que, en principio, parece más plausible es la intención ceremonial. El hombre comenzó, por ejemplo, a pintar (según muchos expertos) algunos signos, o los realizaba de una determinada forma, para distinguir su “clan” de otro, es decir, como modo de diferenciarse de un grupo cercano y que, probablemente, significaba un rival a la hora de conseguir comida o cobijo en las proximidades.

Cueva de Chauvet

Cueva de Chauvet

Otra cuestión gira en torno a las figuras que comenzaron a representar, y que alcanzaron una fidelidad asombrosa. Los animales aparecen mágicamente impresos en la pared, en muchos casos pintados aprovechando las cavidades, recovecos y salientes de la cueva para resaltar, de manera magistral, la forma del animal. Sin embargo, no nos engañemos: la idea que muchos tenemos de los hombres de hace diez, doce mil años no es precisamente la de concienzudos artistas que observaban con detenimiento su entorno para aprovechar los materiales de que disponían y con los que realizaron una obra pictórica con una evidente intención estética y una rigurosa imitación de la realidad; sino más bien la de una turba de gruñidores poco dados a los devaneos artísticos. Pero, como suele ser habitual, el estudio científico siempre nos coloca en nuestro sitio con respecto a nuestras suposiciones o falsas creencias.

Así pues, parece claro que la barrera de ese arte rupestre se halla en unos pocos miles de años antes de la aparición de Cristo, pero… ¿y si tenemos que remontarnos mucho más atrás? ¿Y si, por arte de magia, tenemos que retrotaernos hasta diez o quince mil años más de lo que creíamos? Parece imposible, ¿no es cierto?

Cueva de Chauvet

Más de veinte mil años antes de que el hombre entrara en el Neolítico, y de que hubiese manifestaciones civilizatorias de importancia en Mesopotamia, nos parece una barrera demasiado insalvable para que pudiésemos encontrar vestigios artísticos en la historia de la humanidad. Y sin embargo…

La cueva de Chauvet, que se encuentra en el departamento francés de Ardèche, fue descubierta en 1994 por un trío de espeleólogos que, prácticamente por casualidad, abrieron una puerta al pasado de la humanidad que llevaba cerrada más de veinticinco mil años. Si las dataciones no resultan inexactas, y parece que no es así, hay restos de pinturas prehistóricas de fechas cercanas o incluso superiores al 30.000 a.C., lo que los convierten, claro está, en los restos de pinturas rupestres más antiguos del mundo (por ejemplo, las pinturas de nuestra cueva de Altamira datan del 15.000 ó 12.000 a.C.).

Precisamente, sobre esta “cuevas de los sueños perdidos” (llamada así porque realmente parecía que al descubrirlas los habitantes acabaran de abandonarla con prisas, dado lo frescos que parecen sus restos), el cineasta y productor Werner Herzog realizó un documental en tres dimensiones que ha sido presentado recientemente en el Festival de Cine de Montreal, y del que ya podemos ver el tráiler:

Muchas cosas pueden decirse y pensarse, o incluso debatirse sobre el tema, pero en este punto, cuando queremos “pensar el arte”, no podemos por menos que imaginarnos el corazón acelerado de esos tres espeleólogos que, sin saberlo, por seguir el pequeño hilo que supuso esa cavidad que encontraron por azar, se toparon con esa extraordinaria madeja que supuso el hallazgo de lo que, por ahora, podemos denominar “la cuna del arte”.

No sabemos lo que nos depara el futuro, y si se encontraran vestigios más antiguos aún que éstos, y tan bien conservados, pero su contemplación, aunque sea tan sólo en una película, resulta decididamente emocionante y asombrosa.

Nota: Para más información sobre la cueva, recomendamos visitar esta entrada del blog Fogonazos, la web del propio director y la entrada de la Wikipedia de la cueva de Chauvet, así como la página del Ministerio de Cultura francés dedicada a este yacimiento.



escrito el 24 de Enero de 2011 por en General


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