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El arte y la felicidad

felicidad0011Es muy común en todas las corrientes de pensamiento de todos los tiempos el preguntarse cuál es el origen de la felicidad, qué es lo que hace que un hombre se considere “feliz”, o cuál es la naturaleza misma de la felicidad. Como podrá imaginar el lector perspicaz, ninguna de estas corrientes ha dado con la fórmula mágica que haga que el hombre sepa cómo conseguir la felicidad, y en la mayoría de ocasiones los pensadores se conforman con que el lector sepa al menos reconocerla, algo de lo que no todo el mundo es capaz. Será quizá porque la naturaleza misma de la felicidad se halle en el desconocimiento de que se es feliz (en la ignorancia, casi); de paradojas como ésta está llena la existencia.

En lo que sí se ponen de acuerdo los pensadores es en que la felicidad necesita de estímulos, lo mismo que de cierto grado de disfrute en la mera perspectiva de poder hallarlos. Es decir, para ser feliz se debe ser, por fuerza, despierto y curioso, a pesar de que no pocos pensadores y axiomas de la filosofía popular asocian felicidad con simplicidad, con la vida contemplativa.

No es ese el caso de uno de los divulgadores españoles más famosos de los últimos tiempos, Eduardo Punset, quien se atreve incluso a desvelar cuál puede ser la fórmula mágica de la felicidad (y que aquí no vamos a revelar, pues sería como destripar el final de una buena película). Pero el tema que aquí nos ocupa es saber si la felicidad se puede encontrar en el arte, y Punset es claro: el arte ayuda, y mucho, a conseguir ser feliz.

Las investigaciones han revelado que la música, y por qué no otras artes, actúa sobre el sistema nervioso central, aumentando los niveles de endorfina, los “opiáceos naturales” del cerebro, y otros neurotransmisores como la dopamina, la acetilcolina y la oxitocina. Más allá de estos términos técnicos, arduos para los profanos, lo que queda claro es que la música, el arte en general, proporciona motivación y energía ante la vida, y disminuye el dolor, algo básico para lograr una sensación de bienestar, que no es otra cosa que la esencia para sentir gratitud y satisfacción existencial, es decir, y cerrando el círculo, el centro mismo de la felicidad. Así, contemplar un hermoso paisaje leyendo un libro, escuchar buena música, admirar un cuadro, disfrutar de una buena película, etcétera, hace que nos alegremos de estar vivos, que nos sintamos felices, vaya, aunque sea un breve instante (lo que entronca con otro personaje público, Antonio Gasset, el inefable crítico de cine que dijo una maravillosa frase al despedirse de un programa: “sean intermitentemente felices, que según los expertos es la única forma de serlo”).

¿Es esto posible porque, como señala Punset y Godstein antes que él, el arte produce euforia, consecuencia de la liberación de endorfinas por la glándula pituitaria, y que esto es en definitiva fruto de la actividad eléctrica que se propaga en una región del cerebro muy concreta, donde se hayan los centros de control del sistema límbico? Bueno, no necesitamos ser científicos para saber que el arte produce sensaciones especiales, y uno recuerda que loscuadro002 “momentos felices” de su vida son, precisamente, aquellos donde las sensaciones especiales ganan la partida al tedio vital de la vida rutinaria del hombre moderno.

Siempre se puede ir un paso adelante. Si el arte da la felicidad, ¿por qué precisamente el estereotipo de artista que tenemos en nuestra cabeza es el de un ser atormentado y medroso que no lleva precisamente una existencia feliz? Claro, que ese estereotipo puede parecer de otra época, o propio de los artistas que no gozan de reconocimiento en vida, pero resulta curioso que el cerebro capaz de crear obras maestras no sea absolutamente feliz, salvo en honrosas excepciones. Parece un alto precio que pagar para aquellas almas sensibles que deberían ser respetadas, pero parece también una especie de cruel tasa: sí, eres un genio, pero no puedes ser feliz; lo será aquel que disfrute de la magnífica obra que has hecho… Ironías del destino.

Habría, por supuesto, que hablar de lo que siempre se habla cuando se menciona la palabra arte, pues si no está claro a veces qué es el arte y que no, tampoco sería fácil calibrar qué arte hace o no feliz. Una encorsetada dama enfundada en su abrigo de angora que asiste a una noche de ópera… ¿libera tanta endorfina como un adolescente sudoroso en pleno éxtasis en un concierto de rock? ¿Acaso una mala película debe dejarnos tristes?; pero, ¿como es posible que nos riamos a mandíbula batiente con esa mala película, si es capaz de apretar los resortes cómicos adecuados?

Para este humilde bloguero es evidente que la mera indagación, el ansia de saber qué es o no buen arte, merece la pena como vehículo de felicidad. Y si encima esa búsqueda consigue hallar momentos sublimes, ¡entonces sí que se puede decir que el arte te hace feliz!



escrito el 17 de septiembre de 2009 por en General


2 Comentarios en El arte y la felicidad

  1. Kilombo | 23-09-2009 a las 9:44 | Denunciar Comentario
    1

    Esto me recuerda a algo que he leído por aquí últimamente:
    http://thegraymatters.aprenderapensar.net/2009/06/05/el-arte-es-una-droga/
    Saludo!

  2. FLOR DE AMERICA ALVARADO | 23-09-2009 a las 22:09 | Denunciar Comentario
    2

    En lo personal puedo decir que toda manifestación del arte me llena de felicidad y me da fuerza y salud en mi vida. Muy de acuerdo .
    Cordiales saludos

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