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El color de los clásicos

A menudo tendemos a ser simples cuando calibramos la importancia del arte asociado a cualquier cultura antigua. Es lógico, pues miramos desde la perspectiva arrogante del que lee esas obras en nuestro tiempo, cuando el arte, salvo honrosas excepciones, se ha convertido en una moda más, una forma de consumo más. Pero no debemos fustigarnos por ello; somos fruto de nuestro tiempo, y si la televisión, forma suprema de desvirtuar muchas cosas, es capaz de perpretar infames productos que son devorados con fricción por millones de telespectadores… ¿cómo vamos a exigirles a todos ellos un juicio sosegado sobre tales cuestiones? Dejémonos a nosotros mismos, miembros de la elite predilecta, que seamos los que discurramos sobre estos términos, y convenid conmigo en que la ironía sienta bien a estos menesteres.

Bromas aparte, hay algo fascinante en la manera en la que el arte puede sugerirnos, a veces de manera falsa e incluso ingenua, las glorias del pasado. Así, por ejemplo, es de sobras conocido que los griegos, y por ende los romanos (eminentes copiadores), eran muy amantes del color en sus esculturas y obras arquitectónicas. Y esto, la primera vez que lo descubres, resulta ciertamente chocante. No me pondré ahora a repasar todos los libros de texto, pero dudo mucho que haya cambiado la forma de enseñar el arte en comparación a cómo lo aprendí yo, así que no creo que en ningún libro se advierta (con la clara intención de no volver loco al alumnado) de que el Partenón estaba pintado con vivos colores, pero imaginarlo de esa guisa en lo alto de la Acrópolis con nuestros ojos contemporáneos haría que nos pareciera más una broma de un mal musical hollywoodiense que una verdadera obra de arte. Y lo mismo pasa con las esculturas, como las que acompañan a este post (pertenecientes, por cierto, a una exposición presentada nada menos que en el Museo Nacional de Arqueología de Atenas, en 2007, que no es cualquier sitio).

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Yo pienso en ese pulcro mármol que estamos acostumbrados a ver, y que tan profusamente fue imitado en la que se supone época dorada de la escultura, la renacentista (y pienso en Miguel Ángel y su famoso mármol de Carrara), y en que si estuviera pintado de la guisa en la que aparecen estas esculturas que os muestro a muchos incluso les entraría la risa. Eso dice mucho de nuestros referentes culturales. Toda sociedad se crea su iconografía, su “verdad” sobre las cosas, y es habitual que se esconda la “verdadera verdad” para que no se dé pie a confusiones ni a ver tambalear las sacrosantas estructuras que tanto nos ha costado crear. Sin embargo, la verdad debería ser la verdadera aspiración de la sociedad, pero incluso hoy día, ya adentrados en el siglo XXI, podemos cerciorarnos de que la verdad, por desgracia, es a veces tan difícil de encontrar como siempre lo ha sido en la historia de la humanidad. La razón por la que los griegos gustaban de aplicar color a sus obras es también cultural, pero a Occidente, sobre todo después de la recuperación del interés por las obras clásicas iniciada en el Romanticismo, le resulta incómodo ese colorido entusiasmo. Supongo que los helenos querían un arte “limpio y moderno”, pero para nosotros su sensibilidad artísitica pertenece a un encorsetado mundo anciano que nunca nos podría parecer nuevo, y menos si está pintado de colorines.

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En el arte, pues, las apariencias engañan. Y si no, esperad a que hablemos de las iglesias románicas. Pero eso será en la próxima entrega.



escrito el 9 de junio de 2009 por en General


Sin comentarios en El color de los clásicos

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  1. » Editorial Junio 09 | 15-06-2009 a las 13:59 | Denunciar Comentario
    1

    […] ¿Y qué aporta el arte al conocimiento de la realidad? ¿Es una copia, o una reconstrucción? En Aprender a Pensar también nos preguntamos por el arte y qué utilidad tiene, si es que ha de tenerla: ¿consiste el arte en conmover? ¿es un aguafiestas el que se pregunta por su sentido y significado? Este mes aprendimos cosas increíbles, como que el padre de la música electrónica la concibió precisamente para acabar con la música, o que la idea del arte griego que tenemos desde el Renacimiento es totalmente errónea. […]

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